Historia de amor agridulce

La historia de Patricia es una historia de amor que es más habitual de lo que creemos. Una historia en la que prima la distancia y el desamor entre dos personas contada desde su propio punto de vista.

Patricia es el seudónimo de la persona que me contó la historia y aquí vengo a contárosla.

La historia de “Patricia”.

Mi ultima relación fue hace tres semanas. Mi historia comienza en una boda, como muchas otras parejas empiezan.

Yo estaba con una amiga con la broma de que en esos eventos se ligaba mucho, aunque yo no tenía ninguna intención de hacerlo. Me comentaron que el hermano de la que se casaba estaba soltero, pero era bastante feo. Ese día fue cuando le conocí. Me pareció tan interesante, tan educado, tan simpático y amable… Enseguida sentí el llamado “feeling” entre los dos. Estuvimos hablando durante horas, cosas que no me había pasado con anteriores parejas. En ningún momento tuve la sensación de que no podía no funcionar.

A pesar de tener una diferencia de edad de 8 años, empezamos la relación, que no parecía ser complicada. Pero había un obstáculo entre nosotros, uno de los peores, LA DISTANCIA.

Por ese motivo, el solo podía ofrecerme vernos dos fines de semana al mes, por lo que no podía ser muy exigente, ya que entendía sus responsabilidades.

Pero con el paso del tiempo, yo me enamoraba cada vez más y le pedía vernos más a menudo. Él accedió, con cierta desgana, y sólo para vernos en verano y navidades.

Su padre sufrió  una enfermedad, por lo que todo el peso del trabajo y de lo que su familia entera subsistía, recayó sobre él. Por lo que por un momento creí que me iba a dejar. Pero no fué así, seguimos adelante con la relación y lo único que me tocó fue aportar más de lo que ya había hecho.

Yo siempre pensé que la diferencia de edad no era un problema. Aunque alguna vez le pregunté si realmente estaba enamorado y no me dijo ni que sí ni que no, sino que por la diferencia de edad no se ama con la misma intensidad a los 20 que a los 30.

Yo le “perdonaba” muchas frases como “no sabría como reaccionar si se me lanzara esa chica de mi pueblo”, como le diría a cualquier amigo o colega y había momentos en los que era más cariñoso de lo normal, creyendo que eso eran mis pequeñas victorias por comentarios y discusiones.

No creo que él estuviera en el mismo grado de enamoramiento en el que estaba yo (un 99% por mi parte frente a un 45% que me daba el). Aunque, a pesar de eso, dudo mucho que me haya sido infiel en algún momento.

Siempre actuaba como si fuera su novia delante de todo el mundo, con eso no había problemas, pero le tuve que explicar que hay ciertas cosas que no me puede contar como si fuese un “amigo más” que era su novia, a lo que me contestó que “era sinceridad”.

Esa sinceridad fue lo que le costó la relación, pero al ver su reacción de indiferencia después de dejarlo me dije “Patricia, te ha jodido,  pensabas que era el hombre de tu vida y te ha dicho que no te quiere, que no está enamorado. Nunca te ha demostrado nada, ni un gesto, ni una palabra, ni verle ilusionado cuando estaba contigo, más bien resignado…”

Por lo que lloré solo en 3 ocasiones: cuando asumí que se había acabado al decírselo a mis allegados, cuando pasó la primera semana y media y cuando pensé que le echaba de menos.

Y no lloré más, entendí que no era para mí y lo asumí. No le podía pedir que cambiara, cada persona es como es.

Él tenía razón cuando me dijo “Mereces algo mejor, algo que yo no te puedo dar”

Consejos de “Patricia”.

Antes de irse, Patricia nos dejó un par de consejos:

  • Chicas, no os dejéis engañar y desconfiar de las palabras, porque aunque penséis que es vuestro príncipe azul, al final descubres que no es así. Si de verdad te quiere, está dispuesto a dar lo mismo que das.
  • El amor es sacrificio y tiene que ir por las dos partes, no solo puede dar uno y el otro nada.

¿Qué consejos tenéis vosotros para Patricia?

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