El amor está donde menos te lo esperas

Ayer le volví a ver. Moreno, ojos azules con color intenso, sonrisa arrebatadora. Desde el primer día que le vi en aquella cafetería leyendo un libro de Bécquer me quedé sin aliento, fue un amor inesperado a primera vista. No sé en qué momento ni que día él empezó a mirarme. Pero poco a poco empezaron las miradas entre ambos y esas pequeñas sonrisas risueñas que se nos escapaban de vez en cuando.

Yo soy una persona excesivamente vergonzosa, me cuesta mucho dar el primer paso. Pero ese día no sé que me ocurrió. Después de varias semanas de ir al mismo lugar y a la misma hora para ver si coincidíamos, decidí que era el momento de actuar y de darlo todo para conseguir al amor inesperado que se colaba en mis sueños cada noche.

Entré a la cafetería y vi que estaba allí, sentado en su mesa de siempre. Pedí un café con la completa decisión de sentarme en la mesa vacía de al lado y empezar una conversación. Pero no pudo ser, una pareja que pidió antes que yo se sentó justo en esa mesa, arrebatandome el poco valor que tenía para acercarme a él. Así que, decidí ponerme en la mesa de siempre a tomar mi café rutinario mientras me metía en una de mis historias, huyendo del estresante mundo que me rodea.

No me di cuenta de que alguien estaba a mi lado hasta que no decidí que era momento de marcharse.

“¿Ya te vas?”

Igual que un helado de nata se me quedó la cara cuando me di cuenta de quién me hablaba. ¿Cuánto tiempo llevaba a mi lado? Yo y mi manía de ponerme los cascos con la música a todo volumen… No sabía donde meterme, no podía moverme. De repente, acercó su mano a la mía y de un pequeño tirón me sentó a su lado.

Al principio, de los nervios, no sabía qué decir, pero poco a poco me fui soltando y resulta que teníamos miles de cosas en común y que chocábamos en muchas otras, haciendo de nuestras conversaciones en un no parar de opiniones en las que había veces que el sentido no existía.

Todo en él era mágico y no me podía creer que estuvieramos ahí los dos, hablando como dos cotorras y llenando el local de nuestra risa. El mejor amor inesperado que me podía encontrar estaba ahí, a mi lado, y yo no paraba de intentar esconder las gloriosas mariposas de mi estómago.

Así pasamos varios días, hablando sin parar y quedando para comer en algunas ocasiones.

Finalmente se lanzó. En una de nuestras quedadas habituales me dijo todo lo que sentía y yo estaba en una nube flotando en el aire mientras él exponía sus sentimientos hacia mí. Entonces me besó y yo me derreti en sus brazos.

El amor está donde menos te lo esperas, brillando entre una marea de personas entre las que no sabes cuál de ellas te tocará.

Desde ese día han pasado ya 6 maravillosos años en los que disfrutamos cada día de nuestro amor en nuestra casa a las afueras de Madrid.

Somos Adrián y Fernando, esa fue la historia de amor inesperado que nos unió. Seguimos resistiendo y luchando por estar juntos sin importar lo que diga la gente de nosotros. Somos dos personas que se aman incondicionalmente y así será hasta el final.

Amor inesperado

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